Reconciliación y Reforma

Dios ha escogido revelar quién es Él y establecer Su Reino a través de gente ordinaria e imperfecta. ¡Qué pensamiento tan fascinante! Aunque a veces, como resultado de esta parte “imperfecta”, nos lastimamos unos a otros.

Las relaciones pueden ser algo complejas, y ser creyentes no nos exenta de tener retos. Muchos de nosotros tenemos una profunda añoranza de cumplir el llamado de Dios en nuestras vidas, pero podemos encontrarnos completamente descarrilados por el dolor de las heridas en nuestro corazón causadas por otros.

Estas heridas se magnifican cuando vemos conflictos entre iglesias, ministerios, grupos de personas e ideologías políticas. Con tanta tensión puede parecer imposible poder sobreponernos a estas heridas para poder hacer algo útil, mucho menos algo eterno.

Dios quiere traer sanidad a todas nuestras heridas y relaciones, las que hemos experimentado personalmente y aquellas que hemos heredado históricamente, -cosas como racismo y prejuicios que frecuentemente van pasando de generación en generación. Él hasta quiere ver que las cosas se arreglen entre naciones que se han dañado y se han tratado con injusticia unas a otras.

Tal vez suena imposible o idealista para usted. Tal vez nunca veremos por completo como sucederán reconciliaciones en nuestra vida; aún así, eso es lo que está en el corazón de Dios para sus hijos, así que continuamos difundiendo el mensaje y trabajando activamente para construir una comunidad en lugares donde no existe o donde ha sido quebrantada.

Este nivel de relación y sanidad, sóolo es posible cuando nuestros corazones han sido transformados por la verdad sobre quién es Dios. Después de que nuestros corazones han sido cambiados desde adentro y nuestras relaciones restauradas, podemos tomarnos de las manos para trabajar hacia una reforma.

En su libro El Manifiesto de la Reforma, Cindy define la reforma como:

Una corrección o reparación de lo que es corrupto, el construir las instituciones de nuestro gobierno y nuestra sociedad según el orden y la organización dados por Dios. Significa institucionalizar la voluntad de Dios en cuanto a cómo llevamos nuestros negocios diarios, cómo tratamos a los pobres,

administramos justicia, creamos nuestras leyes, enseñamos a nuestros hijos y en general, cómo vivimos nuestra vida diaria. Es para dar a la gente una licencia para hacer el bien y no para pecar. Significa cambiar nuestras comunidades en lugares donde las bendiciones de Dios fluyen de una persona a otra, así como Dios las ve fluir en el cielo. (1)

Cuando nos damos cuenta que la transformación que Dios ha hecho en nosotros no es sólo para nosotros mismos, sino también para la comunidad que nos rodea, comenzamos a ver a nuestras familias, empleos y relaciones como oportunidades para que el Reino de Dios sea demostrado. Nos damos cuenta de que los principios creados por Dios no sólo funcionan dentro de las paredes de la iglesia, pero que Sus principios pueden beneficiar a cada área de la sociedad.

Creemos en el valor que tienen los líderes que siguen a Dios y el valor que tienen las leyes justas, pero también sabemos que las leyes no pueden cambiar los corazones de las personas o hacer naciones justas. Las naciones son discipuladas cuando personas ordinarias como usted y yo comenzamos a integrar nuestro conocimiento sobre Dios, nuestros dones espirituales y nuestro amor por las personas al telar y a la infraestructura de lo que hacemos día a día.

¿Se imagina cómo sería si a cualquier lugar que fuera - el mercado, el banco, a las escuelas y el gobierno municipal-  hombres y mujeres utilizaran principios del Reino para tomar decisiones y llevar a cabo sus responsabilidades? ¿Cómo se vería su ciudad? ¿Cómo se vería su nación?

Este es el sueño y la visión que llevamos en nuestros corazones. Oramos, enseñamos y equipamos sin cesar, porque sabemos que cuando vidas son cambiadas a través de la reconciliación y transformación, las naciones serán cambiadas a través de la reforma.

Jacobs, Cindy. El Manifiesto de la Reforma. Bethany House Publishers: Minnesota, 2008.

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